Leandro Cedeño Navegantes del Magallanes LVBP

Leandro Cedeño fue el MVP de la final con 14 remolques | Fotos: Alejandro van Schermbeek

Los Navegantes del Magallanes coronaron una temporada sensacional, con remontadas épicas

 

 Especial Antonio Castillo

Caracas, Venezuela.- En todos los rincones del país todavía resuenan con insistencia las pegajosas notas de la melodía del maestro Billo Frómeta, coronadas por la inconfundible voz del ícono Cheo García.

Y es que en todos los rincones del país hay un magallanero feliz, que canta y celebra por la gloriosa conquista del equipo más popular de Venezuela. Así de sencillo.

Una popularidad ganada a pulso con el correr de los años, heredada de padres a hijos, de abuelos a nietos, y por sobre todo, ganada gracias al arraigo, tesón y personalidad de un equipo que ha sabido mantenerse en el tiempo, desde hace más de 100 años.

Historia
Los orígenes del Magallanes se remontan a los primeros años del siglo XX cuando un grupo de jóvenes de Catia, quisieron crear un club capaz de rivalizar con una novena del sector de Sarría, el  Royal Criollos, también llamados Indios de Sarría.

Es así que el viernes 26 de octubre de 1917 fue constituido formalmente como equipo el Magallanes Base Ball Club, en una reunión en el bar Back Stop, ubicado frente al Palacio de Miraflores.

Cuentan los cronistas de la época, que Antonio Benítez Abedanck, dueño del bar, propuso –entre otros nombres- que el equipo se llamara Magallanes, por el Estrecho de Magallanes en la zona más austral de Chile, ya que “allí se iban a estrellas todos los clubes”. Y así se quedó.

Para noviembre de 1917, Magallanes inició sus prácticas en un campo ubicado en los Altos de Cútira, detrás de la Plaza Pérez Bonalde en Catia, y ya en 1918 fue inscrito en el Campeonato Nacional de Beisbol.

En su primer partido, disputado el 24 de febrero de ese año 1918, Magallanes venció al equipo de Flor del Ávila con marcador de 20 a 6, pero luego, una seguidilla de derrotas hizo que su presidente de entonces, Carlos Bonett, se retirara del torneo y, posteriormente, desapareciera del panorama beisbolístico.

Debieron pasar diez años para que el Magallanes reapareciera, gracias a la iniciativa del propio Antonio Benítez Abedanck, quien al lado de Juan y Luis Carratú, la familia Fagre, más los turcos Vicente Issa, Eduardo Kalil, Alberto y Ricardo Salomón, decidieron refundar al equipo el 1° de julio de 1927.

Sin embargo, las recurrentes derrotas horadaban el amor propio de los aficionados de Catia, hasta que la directiva decidió reforzarse con peloteros del interior como el veloz lanzador Balbino Inojosa y el receptor Manuel “Pollo” Malpica, quienes le dieron un cambio radical a la situación.

En 1930, envalentonados por una seguidilla de victorias, el Magallanes decidió retar al Royal Criollos de Sarría en la Copa Londres. El primer partido lo ganó el Royal Criollos 10-0, pero en los siguientes compromisos, Balbino Inojosa tomó cartas en el asunto y derrotó en tres desafíos seguidos a los muchachos de Sarría, para cargar con la Copa Londres.

La locura se desató en los alrededores de Catia y Magallanes se convirtió en un club idolatrado, que mantiene vivo ese fanatismo desde entonces.

Primera victoria
En 1946 inicia la Liga Venezolana de Beisbol Profesional con los equipos Magallanes, Cervecería Caracas y Patriotas de Venezuela y Sabios de Vargas, novena que cargó con el título en ese torneo primigenio.

Y al Magallanes le correspondió el honor de ser el primer equipo ganador en la LVBP, al vencer 5 carreras por 2 a los Patriotas, en un encuentro donde la primera carrera fue anotada por Luis Aparicio “El Grande” Ortega, mientras que la primera victoria se la acreditaba Alejandro “Patón” Carrasquel.

Desde entonces mucha agua ha corrido bajo los puentes, pero Magallanes ha sabido mantenerse erguido, con el apoyo de una numerosísima fanaticada leal y entusiasta que ha disfrutado el triunfo en las Series del Caribe de los años 1970 y1979, así como de 14 torneos locales.

Magallanes celebró en Caracas | Fotos: Alejandro van Schermbeek

De menos a más
En la temporada que recién finalizó el lunes anterior, los Navegantes del Magallanes protagonizaron una de las remontadas más épicas en la historia del beisbol venezolano.

El inicio de la ronda regular fue un desastre para el equipo carabobeño, ya que en sus primeros 23 encuentros perdió 15 compromisos, para ubicarse en el sótano de la clasificación.

En este momento, la gerencia valenciana decidió cesantear al manager Eduardo Pérez, sustituyéndolo por el boricua Yadier Molina, el mismo que brilló en las Grandes Ligas durante 19 temporadas como receptor de los Cardenales de San Luis.

Ese mismo expelotero, actualmente convertido en piloto ponderado y motivador, logró un cambio radical, al punto que Magallanes, de seguro equipo eliminado, emergió hasta convertirse en flamante campeón.

Yadier Molina Navegantes del Magallanes LVBP
Yadier Molina llegó para enrumbar al Magallanes | Fotos: Alejandro van Schermbeek

Bajo el mando de Molina, Magallanes ganó en la eliminatoria 21 juegos y perdió 12, para clasificar a la postemporada, donde después de caer en sus primeros tres compromisos finalizó con balance de 10-6, para acceder a la fase decisiva.

¿Y qué ocurrió en la final? pues que Magallanes ajustició a Caribes de Anzoátegui en seis desafíos, o sea, que entre fase regular, round robin y final,  el manager boricua dejó récord de 35-20, para darle a los Navegantes el título 14 de su historia.

Todos fueron héroes, como tituló en su libro el periodista Alí Ramos, al reseñar la gesta del Campeonato Mundial de 1941, pero entre el grupo que todavía hoy festeja, hay que destacar al slugger Leandro Cedeño, quien con justicia fue designado Jugador Más Valioso (MVP) de la final, llevándose el Premio Robert Pérez.

Cedeño, refuerzo de los Leones del Caracas, protagonizó una serie de ensueño en la cual promedió para .318 (de 22-7), con dos dobles, cuatro jonrones y 14 carreras impulsadas.

También brillaron a la ofensiva por Magallanes Rougned Odor (.435, con ocho fletes), Eliézer Alfonzo jr (.417), Wilfredo Tovar (.370 y ocho anotadas) y el mexicano Carlos Sepúlveda (.357).