febrero 13, 2026

 

José Ángel Rodríguez Suárez | AVS Photo Report

La semana más nefasta del periodismo deportivo venezolano

 

No terminábamos de asimilar el golpe por la pérdida de Gabo Chávez, cuando llegó otro mazazo: el adiós de Humberto Acosta. En 3 días, el periodismo deportivo venezolano despidió a dos de sus principales exponentes de ayer, hoy y siempre.

Al señor Acosta no tuve el privilegio de conocerlo en persona, pero sí le leí. Le leí mucho. Su columna “TriplePlay” alumbró mi adolescencia, junto a “Juan Vené en la Pelota” de Juan Vené, “El Emergente” de Ignacio Serrano y “Con los Ganchos” de Carlos Valmore Rodríguez.

El señor Humberto fue el maestro de más de un centenar de periodistas, entre ellos, algunos de mis referentes en la actualidad. Aseguran, quienes pudieron conocerle, que fue mejor persona que periodista, lo cual ya es decir mucho, porque muy probablemente sea el mejor comunicador deportivo en la historia del país.

A la par que bebía de sus textos, le escuchaba comentar en la televisión. Su tono cálido y didáctico al hablar era tal como podía imaginarlo, al leerle.

El señor Acosta, Vené, Serrano y Valmore, sin saberlo, sembraron esa semilla que tiempo después germinó, cuando me pregunté si alguna vez iba a poder escribir de deportes y vivir de ello, algo que durante largos años sonó más a una ilusión de vida que a una realidad, pero que en el reciente lustro ha venido tomando forma.

Cuando creces leyendo a profesionales de esa nombradía y luego en el camino te encuentras con Alexander Mendoza, quien, sin pretender serlo, se convierte en un mentor, o a Andriw Sánchez, el mejor cronista de nuestra generación, nunca te sientes a la altura. Sabes que la ruta es muy larga y falta demasiado por recorrer y aprender.

HISTORIA COMPARTIDA

A Gabo sí le conocí. De hecho, fue la primera persona que se me acercó en la cobertura de mi primera final de la LVBP, en 2022. Fue en Puerto La Cruz. Yo estaba muy nervioso. Había estado 3 años alejado del periodismo, pero quedé sin trabajo en septiembre de 2021, mientras atendía, de hospital en hospital, y de recolección de fondos en recolección de fondos, la enfermedad que se terminaría llevando a mi segunda madre, el cáncer.

Gabo, en el Estadio Alfonso «Chico» Carrasquel me preguntó mi nombre, y al decírselo me respondió: “vos escribes para la página web de la liga. Felicidades por el trabajo que hacen”.

Él nunca llegó a saberlo, pero esas palabras calmaron en gran medida mis nervios e inseguridades.

Desde entonces, cada vez que nos veíamos en los terrenos o en los palcos de prensa, dejaba escapar algún chiste que aligeraba mi irremediable urgencia permanente por cumplir con la pauta y tener alguna historia antes de un juego.

El último año de Gabo, particularmente, puso sobre la mesa las consecuencias que tiene el cáncer en un país como el nuestro. Abrió su vida, de par en par, nos mostró la lucha por sobrevivir con sus tres hijos y esposa como motores, y se desahogó con mensajes que todos lo que hemos sufrido esa enfermedad, supimos identificar.

En un periodismo como el actual, despedir a Humberto Acosta y Gabo Chávez duele. Duele mucho.

Hay vacíos que, en un oficio como el nuestro, quizás nunca vuelvan a ser ocupados.

Paz a sus almas.

«La historia comienza a escribirse antes del juego».

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