marzo 17, 2026
Julián Santana Golf

Julián Santana dejó un sólido legado en el golf nacional | Foto: Cortesía

Julián Santana no se separó nunca de El Junko, su terruño natural, donde nació en 1954. Desde entonces creó un legado indisoluble con la comunidad y con el golf, el deporte que amó desde niño y al que pudo devolver todos los logros obtenidos en una vida llena de éxitos.

Su despedida ha dejado un vacío insustituible en el deporte nacional, donde fue considerado un golfista ejemplar, entrenador dedicado y ser humano integral, pero su legado quedó intacto entre los cientos de amigos, compañeros y alumnos que tuvieron el privilegio de escuchar sus sabias palabras y consejos.

Inicios en el golf

Nació y creció Julián en la hacienda La Faltriquera con el aroma del café de sus molinos y los sueños de niño, de ser grande algún día.

Sus tres hermanos mayores acudían diariamente a las praderas del Junko Golf Club a realizar diversos trabajos, por lo que siempre estuvo ligado de una u otra manera al club de sus amores.

Un día de 1965, con once años a cuestas, Julián decidió visitar a su hermano José, conocer su trabajo, en qué consistía. Y allí comenzó todo.

“Una vez en el campo, se presentaron dos señores que necesitaban caddies y José les dijo que yo estaba dispuesto, que no tenía experiencia, pero sí fuerza y disposición para cargar la bolsa de palos. Y así lo hice. Luego del recorrido los señores me dieron seis bolívares, que en esa época era plata. Me compré un sándwich, un refresco y todavía me quedaron 4,50 para llevar a casa”, recordó Julián en una entrevista hace años.

Pero la historia no terminó allí.

“Mi papá (Pantaleón), al verme llegar a la casa contento y con dinero, me ‘cuereó’ tras preguntarme qué hacía con tanta plata y de dónde la había sacado. Tras aclararse la situación, todo se calmó y regresé cotidianamente al club”.

Con once o doce años comenzó a golpear pelotas desde el patio de su casa hacia los verdísimos campos del club. La conexión fue inmediata y fulminante, tanto así que el golf no se apartó más nunca de su vida.

Poco a poco, fue adentrándose en la disciplina, primero cargando palos y luego practicando al lado de Oswaldo “Uva” Martínez, quien era uno de los caddies emblemáticos de El Junko.

“Jugábamos y practicábamos los lunes. Luego, el profesor Perfecto Miartus, al ver lo largo que yo golpeaba, se encargó de mi técnica”.

Y los triunfos no tardaron en llegar. Dotado de un talento innato, el novel Julián Santana empezó a cosechar victorias en los nacionales de caddies y a ser considerado como un sólido prospecto por la Federación Venezolana de Golf.

Experiencia internacional

En este sentido fue seleccionado para representar a Venezuela en el Mundial de Golf que se celebró en 1973 en España, al lado del mismísimo Ramón Muñoz, emblema de la disciplina de esos tiempos.

“Como era menor de edad, mi papá tuvo que dar su autorización firmada para poder viajar y así tuve mi primera experiencia internacional en Málaga, y nada menos que con Ramón”.

Tres años después fue seleccionado de nuevo por la FVG para representar al país en el Mundial de Palms Spring, California, donde conoció a Kei Yamamoto, representante de la Federación Japonesa de Golf, quien al ver que incluso superó en una ronda al inmortal Jack Nicklaus, lo invitó a Japón a promocionar un vino.

Fue así, que en el año 1977, con apenas 23 años, Santana no solo viajó a Tokio para ser emblema del famoso vino Hakushika, sino que jugó una gira asiática que incluyó Filipinas, Hong Kong, Bangkok, Indonesia, Malasia, India, Taiwán, Corea del Sur, Singapur y, por supuesto, Japón.

En total fueron cinco mundiales en los que participó Julián Santana en representación de Venezuela, siempre con entrega y pasión.

Desde sus inicios Santana se caracterizó por ser un sólido pegador que literalmente dejaba con la boca abierta a jugadores, caddies y público en general, quienes no se explicaban como un jugador tan pequeño y delgado podía enviar la pelota tan lejos.

Con esa condición viajó prácticamente por todo el mundo, de Jamaica a Australia, pasando por Curazao, Italia, España, Argentina, Estados Unidos y Asia.

También fue profeta en su tierra, atesorando hasta siete títulos en el ProAm de El Junko, un nacional de Profesionales, el Abierto de Izcaragua, pero una cosa que siempre le llenó de orgullo fue que en cada club que le tocó jugar implantó récords que todavía son recordados.

Hoyo en uno 

Julián Santana tuvo muchos triunfos en su carrera, pero siempre recordaba el alcanzado en las praderas del Hotel Cumanagoto, en Sucre, donde después de finalizar la última ronda se fue a duchar, pensando que no tenía mayores opciones.

 “Me tocaron la puerta de la habitación y me informaron que había quedado empatado en el primer lugar con Gilberto Morales y Carlos Maestre, quienes se habían complicado en los últimos hoyos. Fuimos al desempate y había mucha brisa, por lo que no me fui directo, sino que golpeé a un lado de la bandera. La pelota cayó en el green, rebotó y rodó directamente hacia el hoyo, tras lo cual dije ¡señores, buenas noches! Había logrado un hoyo en uno y el título del torneo”.

Su casa: El Junko GC

Fueron 54 años los que tuvo oficialmente Julián Santana en el Junko Golf Club, donde no solo ejerció funciones como Head Coach y maestro de las nuevas promociones de jugadores, sino que estuvo pendiente de cualquier detalle que pase en el campo. Tuberías, máquinas, grama, empleados, todo fue avalado y revisado al detalle por Julián. Sin dudas, hará mucha falta.

 

Escrito por Antonio Castillo