octubre 19, 2026
David Rodríguez Tigres de Aragua

David Rodríguez l Foto: Alejandro van Schermbeek l Foto: Alejandro van Schermbeek

Hay noches en que el béisbol se parece a un regreso. La del martes 13 de octubre, en el Chico Carrasquel de Puerto La Cruz, lo fue para David Rodríguez, el inicialista nacido en Barcelona que debutaba la temporada con los Tigres de Aragua a pocos kilómetros de su casa, con su familia en las gradas. En el segundo inning mandó la primera pelota del año de los felinos por el jardín derecho. En el noveno la mandó otra vez, ante un cambio de 81 millas por hora.

Al terminar el juego lo resumió con una frase que dice más que cualquier estadística: era su primer jonrón «como padre». Recordó que el primero de su carrera profesional lo había conectado con los Bravos de Margarita. Es difícil no leer ahí algo más que un swing: la fuerza de un hombre de 30 años que ahora batea también para alguien más que para sí mismo.

Aquella noche abrió una semana que la liga recordará. Del 12 al 18 de octubre, Rodríguez bateó .538 (14 hits en 26 turnos), conectó cuatro jonrones, sumó seis extrabases y 29 bases alcanzadas, empujó nueve carreras, anotó siete y conectó al menos un imparable en los seis juegos. Encabezó la liga en hits, cuadrangulares y extrabases. Ese mismo martes llegó además a las 200 impulsadas en la LVBP, una cifra redonda que pasó casi como un detalle al margen de la noche.

La prensa especializada no dudó: le dio el 64% de los votos para nombrarlo Jugador de la Semana, el tercer galardón de su carrera. Tigres cerró la semana 5-1, el mejor registro del circuito.

Una semana no hace una temporada, y el béisbol se encarga de recordarlo. Pero hay semanas que revelan algo más que números. La de Rodríguez dejó la imagen de un pelotero en plenitud y, me atrevo a pensar, de un padre que por primera vez vio volar la pelota con otro peso en el corazón. En un deporte que vive de rachas, eso es lo que perdura.

Escrito por José Manuel Durán