Llevado de la mano de Cade Cunningham, el quinteto de Michigan mete miedo en la NBA | Foto: Pistons de Detroit
El baloncesto profesional estadounidense ha regalado en los últimos meses una historia de redención digna de una película. Durante mucho tiempo, los Pistons de Detroit fueron el centro de todas las burlas en la “galáctica” NBA.
Aquella humillante racha de 28 derrotas consecutivas parecía una mancha imposible de borrar, una crisis que puso al joven base estrella Cade Cunningham en el ojo del huracán.
Sin embargo, el deporte siempre da revancha a quien sabe trabajar en silencio y procesar el dolor como combustible para mejorar.
Hoy, la realidad en la ‘Ciudad del Motor’ es otra totalmente distinta. Con un registro de 43 victorias en sus primeros 56 encuentros, los Pistons pasaron de ser el hazmerreír a ocupar la cima de la Conferencia Este. Este salto no es poca cosa, ya que pasar de ganar solo 14 partidos en un año a proyectar más de 44 triunfos representa uno de los renacimientos más dramáticos que se han visto sobre un tabloncillo.
Para una fanaticada que no celebraba un éxito en la postemporada desde el lejano 2008, ver a Cunningham emular las cifras de la leyenda Chauncey Billups ha sido un bálsamo necesario.
El momento que terminó de consagrar a este nuevo ídolo ocurrió el 10 de noviembre de 2025, durante un encuentro frente a los Wizards de Washington. Esa noche, Cunningham firmó una actuación nunca antes vista en la historia de la liga, registrando 46 puntos, 12 rebotes, 11 asistencias y 5 robos.
Ni siquiera figuras míticas como Michael Jordan o LeBron James lograron juntar esos números en un solo juego.
Tras muchas noches de insomnio y críticas despiadadas, el joven líder decidió consolidar una identidad defensiva inquebrantable, y los Pistons ya no son aquel proyecto fallido; ahora son una realidad que domina su circuito y mira de frente a los actuales campeones.
Detroit ha vuelto a encender su motor y el mundo del baloncesto ahora los observa con el respeto que se han ganado a pulso.
Escrito por Rubén Hernández
