febrero 11, 2026
Maratón CAF 2026

Ese 8 de febrero fue un día de lucha y de superar obstáculos y de corredores que dejaron todo sobre el asfalto de Caracas | Foto: Alejandro van Schermbeek

El Maratón CAF sirvió para ver a una ciudad alegre, solidaria, con corredores que dejaron todo sobre el asfalto

 

Especial Ernesto Linzalata

 

Caracas, Venezuela.- ¿Qué tenían en común el pasado domingo 8 de febrero las avenidas San Martín, Páez de El Paraíso, Presidente Medina, Los Próceres y la Francisco de Miranda? La respuesta es muy sencilla: cientos, miles de personas de todas las edades volcadas a aupar a los participantes del Maratón CAF, que en su décima edición convirtió a Caracas en una fiesta.

En efecto, fue una fiesta con música y baile, que desde antes de las 6:00 a.m. se inició en el Parque Los Caobos y fue arropando a los municipios Libertador, Chacao, Baruta y Sucre, a medida que transcurría la mañana. Las personas aplaudían y sonreían. Algunas lo hacían desde lo alto de sus apartamentos con el Alma Llanera y el tricolor nacional colgado en el balcón. Otras en la vía ofrecían a los agasajados hielo para aminorar el calor, pedacitos de papelón, gajos de mandarina o agua para mojarse la cara.

En las 10 ediciones del Maratón CAF, la de este año 2026 se convirtió en la más animada. Aunque se está muy lejos de los dos millones de espectadores que salen a la calle en el Maratón de Nueva York, había sitios que nos hacían recordar a los “majors”, donde uno de los requisitos para ingresar a ese selecto grupo de maratones es la capacidad de los organizadores de movilizar la ciudad.

Los tres kilómetros de la avenida Páez, desde La India hasta la Plaza Madariaga o la avenida Francisco de Miranda, desde el Unicentro El Marqués hasta el Centro Comercial Lido, mostraban una línea sólida de personas, una tras otra, aupando a los corredores que luchaban contra el cansancio, que con cada paso al frente se acercaban a la meta en Los Caobos y con ello hacer realidad el sueño de conquistar la décima.

“¡Vamos! Tú puedes”, “Recuerda por qué corres”, “Quiero ser como tú: un héroe que no se rinde”, “Amanecer es más mágico cuando te veo corriendo”, “Choca mi mano y llénate de mi energía” y “La victoria es de quien lo intenta todo por conseguirlo”,eran algunas de las frases que en la ruta servían de estímulo para no mirar atrás y continuar con la mirada puesta en la línea de llegada, en una medalla que a pesar de su tamaño de 10-12 centímetros de diámetro, era la recompensa a meses de entrenamiento, día tras día.

Los hombres y mujeres apostados desde Plaza Venezuela hasta Los Caobos fueron testigos de las risas y llantos de los que se acercaban a la meta, de todos los que apenas cruzarla se fundieron en un abrazo con su compañero de al lado o con el familiar que le esperaba. Otros se persignaban, miraban al cielo o se arrodillaban. Todos tenían un ritual distinto, pero al final agradecían a Dios por no desampararlos a lo largo de la ruta.

Ese 8 de febrero fue un día de lucha y de superar obstáculos. También de ver a una ciudad alegre, solidaria y de corredores que dejaron todo sobre el asfalto de Caracas. Fue un día en que corredores de 14 países, junto a miles de venezolanos que llenaban calles y avenidas enteras, apostaron por un país y una América unida y feliz. Con sus pasos, zancadas y gotas de sudor 10 mil corredores decidieron ese día cantarle a vida.