Michael Covea mediocampo Avileño genera el primer gol del encuentro | Fotos: Ederik Palencia

Contra todos los pronósticos, con personalidad y sin complejos, el Caracas Fútbol Club escribió una de las páginas más importantes de su historia internacional. La noche de este jueves, el conjunto avileño empató 2-2 ante Racing Club en el mítico Cilindro de Avellaneda y selló su clasificación a la siguiente ronda de la Copa Sudamericana, dejando eliminado a uno de los grandes del fútbol argentino.

El equipo capitalino resistió en un escenario de máxima presión y mostró carácter para levantarse en los momentos más difíciles. Racing golpeó temprano con un tanto de Gastón Martirena apenas arrancado el compromiso, mientras Adrián “Maravilla” Martínez amplió la ventaja desde el punto penal antes del descanso. El panorama parecía inclinarse completamente para los dirigidos por Gustavo Costas.

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Pero el Caracas nunca dejó de creer.

El conjunto venezolano encontró el descuento gracias a un autogol de Gabriel Rojas y, ya en la segunda mitad, comenzó a crecer futbolísticamente ante la desesperación del local. Racing empezó a jugar con la obligación y el nerviosismo de saber que necesitaba ganar para mantenerse con vida en el torneo continental.

Entonces apareció el momento que quedará grabado en la memoria del hincha rojo. Al minuto 74, tras una jugada caótica dentro del área y un error del guardameta Matías Tagliamonte, Irving Gudiño aprovechó un balón suelto para marcar el definitivo 2-2 que silenció Avellaneda y desató la celebración caraqueña.

Lejos de encerrarse, Caracas defendió el empate con orden, coraje y sacrificio hasta el pitazo final. El resultado no solo significó un punto histórico en territorio argentino, sino también la clasificación matemática a la próxima ronda de la Sudamericana a falta de una jornada para cerrar la fase de grupos.

11 Titular Caracas FC

El Rojo caraqueño volvió a demostrar que el fútbol venezolano también puede competir en escenarios pesados del continente. Y esta vez lo hizo derribando a un campeón continental en su propia casa.

Escrito por Laura Bruni