Gianni Infantino fracasó en sus ambiciones comerciales | Foto: Cortesía
El Proyecto Infantino murió antes de nacer, víctima de su devastador mercantilismo
En los cafetines de Chacao, donde la tertulia futbolera caraqueña analiza el juego, resulta imposible ignorar las sacudidas tectónicas ocurridas en la cúpula del deporte rey.
En las oficinas de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), el ente rector del balompié mundial con sede en Zúrich, Suiza, se ha resquebrajado la fachada de ‘entidad sin fines de lucro’.
La gestión de su presidente, el dirigente suizo-italiano Gianni Infantino, alcanzó un punto crítico tras descubrirse una maniobra para privatizar activos del torneo ecuménico.
Una filtración reveló una sigilosa subasta mediante la plataforma Zoom, orientada a vender el 20% de la Copa Mundial a fondos de inversión sin notificar a los vicepresidentes del organismo.
La tentativa expuso una visión mercantilista dispuesta a transformar el trofeo más sagrado en una mercancía financiera transaccionable.
El núcleo de este plan corporativo contemplaba crear la subsidiaria FIFA Forward Enterprise, una estructura concebida para arrebatar el control comercial a las 211 federaciones asociadas y transferirlo al capital privado.
Con una valoración técnica estimada en 16 mil millones de euros, equivalentes a unos 20 mil millones de dólares, la entidad pretendía comercializar derechos de transmisión, patrocinios y licencias como sociedad anónima.
Vender hasta un 30% del accionariado, implicaba diluir el poder de decisión, entregando el manejo del calendario y las sedes, a tenedores de bonos orientados al rendimiento económico antes que a la meritocracia deportiva.
Juez y verdugo
La gravedad del asunto se profundizó al conocerse que el proyecto preveía la designación del propio Infantino como director ejecutivo de esta nueva empresa tras concluir su periodo presidencial en 2031, garantizándole un beneficio millonario y generando un conflicto de intereses.
El entramado financiero revelaba además inquietantes nexos de poder político al incluir al empresario estadounidense Joshua Kushner, fundador de la firma Thrive Capital y hermano de Jared Kushner, yerno del Presidente estadounidense Donald Trump, junto al gigante bancario norteamericano JPMorgan Chase.
Esta vinculación evidenció el riesgo de someter al fútbol a presiones gubernamentales externas, un peligro constatado de forma previa con la anulación de la tarjeta roja impuesta al delantero estadounidense Folarin Balogun, tras gestiones directas atribuidas a la Casa Blanca.
Involucrar a fondos ligados a la política norteamericana amenazaba la soberanía institucional de la FIFA en favor de intereses corporativos.
Respuesta demoledora
La respuesta europea resultó demoledora y paralizó las oficinas de Zúrich. El presidente de la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (UEFA), el abogado esloveno Aleksander Čeferin, lideró la rebelión al amenazar con retirar a las selecciones del continente de todas las competencias oficiales del organismo rector, incluyendo la Copa Mundial de Fútbol y la Copa Mundial de Clubes.
La crisis provocó la renuncia del asesor principal de la presidencia de la FIFA, el ejecutivo estadounidense Carlos Cordeiro, y desencadenó severas críticas del director de operaciones, el dirigente francés Kevin Lamour.
Paralelamente, instituciones centenarias como la Asociación de Fútbol de Inglaterra y la Asociación de Fútbol de Gales retiraron su apoyo oficial, articulando un bloque opositor de 96 votos que resquebrajó la gobernanza del ente mundial.
En el plano latinoamericano, el comportamiento de los dirigentes mostró un marcado contraste frente a la firmeza europea.
Ética vs. dólares
Mientras las organizaciones confederativas de Norteamérica, Centroamérica y Asia rechazaron el proyecto privatizador, la Federación Mexicana de Fútbol prefirió adoptar un silencio contemplativo pidiendo tiempo para evaluar la propuesta.
Dicha postura dubitativa expuso una prioridad orientada a salvaguardar los cuantiosos ingresos comerciales de su seleccionado en el mercado norteamericano antes que defender la transparencia institucional junto a sus socios de región, prefiriendo la prudencia financiera sobre la firmeza ética en la conducción del deporte.
Obligado a retirar la iniciativa corporativa bajo el pretexto de un proceso de consulta, el Gianni Infantino activó de inmediato una maniobra de distracción al proponer expandir la Copa Mundial del año 2030 a 64 equipos participantes.
Lejos de representar una democratización del juego, esta medida constituye una estrategia para asegurar votos en pequeñas federaciones de África y Asia dependientes de las subvenciones otorgadas desde Suiza.
Para el aficionado que debate en las tribunas venezolanas, el fracaso del plan FIFA Forward Enterprise demuestra que la mística deportiva no puede ser subastada. El fútbol requiere sostenibilidad económica, pero nunca a costa de vender el estadio con la fanaticada adentro.
Escrito por Rubén Hernández
