marzo 20, 2026
Héroes del 26

Venezuela celebró en Miami | Foto @WBCBaseball

No sé cuántas veces he visto el vídeo de los Héroes del 26 entonando el “Gloria al Bravo Pueblo” en la cúspide del mundo, con la medalla de oro colgando de sus cuellos. También perdí la cuenta de las oportunidades en que observé el último out con la narración en español en varias voces (Ernesto Jerez, Fernando Arreaza, Carlos Feo, Alvis Cedeño, Freddy Chersia y Guillermo Arcay), inglés (“Venezuela! The best in baseball” de Joe Davis) y hasta en japonés (gracias a Netflix). La dopamina para los venezolanos nunca estuvo tan al alcance de un clic como ahora.

Venezuela es campeona del Clásico Mundial de Beisbol por primera vez en su historia. Dicho de otra forma: somos campeones del mundo de nuestro deporte insignia por primera ocasión desde que se disputa con jugadores profesionales.

Si los Héroes del 41 en La Habana sembraron la semilla de la afición a gran escala con su título en la Serie Mundial Amateur, los de Miami recogieron el fruto en la élite y lo repartieron en partes iguales para los más de 30 millones de venezolanos repartidos en todos los rincones del planeta. Es lo que ofrece la universalización e instantaneidad.

Venezuela, sin embargo, nunca estuvo entre las favoritas al título en los análisis de las publicaciones especializadas. De hecho, MLB.com, antes del comienzo del Clásico le posicionaba en un segundo escalón, después de Estados Unidos, Japón y República Dominicana, los únicos países que habían ganado el cetro, hasta 2026. Incluso, para el inicio de los cuartos de final, la tricolor estaba considerada en la cuarta posición del Power Ranking. Pero el bullpén, en gran medida, se encargó de vencer a los pronósticos.

RELEVO ÉLITE

Los apagafuegos de Venezuela se combinaron para WHIP de 0.93 y efectividad de 1.67 de 43.0 innings durante todo el torneo. Ese promedio de carreras limpias fue el segundo mejor para los relevistas de un equipo campeón del evento, solo detrás de República Dominicana (1.60) en 2013, apuntó el periodista Wilmer Reina.

El bullpén, manejado con absoluta precisión por el mánager Omar López, cubrió el déficit de abridores (sin Pablo López ni Jesús Luzardo) y tan solo permitió dos carreras en 18.2 entradas (0.96 de EFE) desde el inicio de los juegos de eliminación directa. Ambas rayitas fueron limpias, producto del jonrón de Bryce Harper en el octavo capítulo de la final frente Andrés Machado, que revivió figuras espectrales del pasado con forma de Trea Turner.

Eugenio Suárez, empero, devolvió el alma al cuerpo en aquel noveno episodio que hemos revivido, también, una y otra vez. El boleto de Garrett Whitlock a Luis Arráez. La irrupción de Javier Sanoja como corredor emergente. El robo de base exitoso de la intermedia, eludiendo el guante de Brice Turang. La capacidad de “Geno” de venir de atrás en su turno, llegar a cuenta de 3 y 2, y conectar el extrabase más importante en la historia del beisbol venezolano.

De nuevo en ventaja, entonces, ascendió al montículo Daniel Palencia. Y con él, los latidos venezolanos alrededor del mundo parecían escucharse.

“¿Qué ocurrirá esta vez? ¿Cómo acabarán con nuestra ilusión ahora? ¿No volveremos a derramar lágrimas de felicidad por Venezuela nunca más? “.

Atrás, fantasmas.

Es real: el diamante es amarillo, azul y rojo. Honor y gloria a los Héroes del 26.

José Ángel Rodríguez Suárez | AVS Photo Report

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