Hay peloteros que atraviesan los malos momentos golpeando cascos, rompiendo bates o desapareciendo emocionalmente del juego. Y luego está Ezequiel Tovar, un campocorto venezolano que sigue caminando hacia el terreno con el mismo gesto sereno, incluso cuando la temporada parece ir en dirección contraria.
El domingo, en la derrota 6-0 de los Colorado Rockies frente a los Philadelphia Phillies, Tovar encontró algo más valioso que una simple línea estadística: volvió a sentirse competitivo en la caja de bateo. Sus dos imparables frente al dominicano Cristopher Sánchez —uno de los lanzadores más dominantes de las últimas semanas en Grandes Ligas— representaron una pequeña luz dentro del oscuro arranque ofensivo que vive el venezolano.
No cualquiera conecta dos veces ante Sánchez. El zurdo de Filadelfia llegó al encuentro con más de 20 innings consecutivos sin permitir carreras, apoyado en un cambio de velocidad que hoy mismo provoca conversaciones dentro de todo el béisbol. Y Tovar lo sabe.
“Creo que tiene uno de los mejores cambios de la liga”, reconoció el venezolano después del juego. Una frase sencilla, pero también una confesión de respeto entre dos peloteros que entienden el juego desde el detalle.
El problema es que Tovar necesita mucho más que una buena tarde. Su promedio ofensivo sigue por debajo de .200 y los Rockies continúan atrapados en una temporada donde casi todo cuesta demasiado. Pero dentro de Colorado nadie duda de que el venezolano sigue siendo una de las piezas centrales del proyecto. No por casualidad la organización le entregó una extensión millonaria antes de consolidarse completamente en Grandes Ligas.
Porque detrás de este mal inicio todavía vive el mismo jugador que ganó el Guante de Oro, lideró la Liga Nacional en dobles y comenzó a construir reputación de estrella silenciosa. Un shortstop elegante, explosivo defensivamente y con una personalidad distante del exceso mediático que domina el deporte actual.
Los números, además, muestran detalles que alimentan la esperanza. Tovar ha trabajado para reducir su porcentaje de ponches y perseguir menos lanzamientos fuera de la zona, uno de los ajustes ofensivos que más obsesionan actualmente al cuerpo técnico de Colorado.
Y mientras el entorno empieza a cuestionar a unos Rockies hundidos en derrotas, el venezolano sigue aferrado a algo mucho más simple: trabajar, resistir y esperar que el béisbol vuelva a abrirle la puerta.
“Hoy Dios me envió dos hits”, dijo con tranquilidad después del partido en Filadelfia.
Quizá para muchos fueron apenas dos sencillos. Para Tovar, en cambio, pudieron ser el primer paso para volver a encontrarse consigo mismo.